Qué era el Futhark antiguo
Un alfabeto de veinticuatro signos, en uso aproximadamente entre los siglos II y VIII en el norte y el centro de Europa. Se llama futhark por el sonido de sus seis primeras letras, igual que alfabeto viene de alfa y beta.
Lo que se conserva escrito con él son sobre todo nombres, marcas de propiedad, inscripciones funerarias y algunas fórmulas. Nada que se parezca a un manual de interpretación.
Las veinticuatro se agrupan tradicionalmente en tres ættir de ocho. Esa división sí es antigua: aparece en inscripciones donde el alfabeto se escribe entero, en orden.
Un aviso sobre los nombres: Fehu, Uruz y el resto son reconstrucciones. No están escritos así en ningún sitio. Son formas del protogermánico que los filólogos deducen a partir de los nombres que sí aparecen en los poemas medievales. Verlos con asterisco en un libro académico —*fehu— significa exactamente eso.
Primera ætt
Atribuida a Freyr y Freyja. Las ocho primeras, de f a w.
Fehu f
Riqueza que se mueve y que puede perderse. En los tres poemas rúnicos aparece con una advertencia sobre la discordia que provoca el reparto.
Uruz u
El bisonte salvaje europeo, extinto en 1627. Fuerza que no se domestica; el poema anglosajón insiste en que es un animal peligroso, no un aliado.
Thurisaz þ
La única runa cuyo nombre cambia según el poema: «espina» en el inglés antiguo, «gigante» en los nórdicos. Fuerza hostil que viene de fuera.
Ansuz a
Asociada al habla y, en los poemas nórdicos, a Odín. La runa de lo que se dice y de quien lo dice.
Raidho r
Viaje, movimiento. El poema inglés distingue entre lo fácil que parece contarlo y lo duro que es hacer el camino.
Kenaz k
Otro nombre disputado: «antorcha» en el inglés antiguo, «úlcera» en el noruego e islandés. Luz o herida, según la fuente.
Gebo g
Don e intercambio. En la cultura germánica un regalo crea obligación, y el nombre lleva eso dentro.
Wunjo w
El poema inglés la define por ausencia: la tiene quien no conoce el dolor ni la pena.
Segunda ætt
Atribuida a Heimdall o Hagal. De h a s, el tramo más duro del alfabeto: granizo, necesidad, hielo.
Hagalaz h
El daño que cae del cielo sin que nadie lo provoque. Los tres poemas coinciden en describirla como el más frío de los granos.
Nauthiz n
Carencia, apuro. El poema islandés la asocia al trabajo duro y a una elección sin salida buena.
Isa i
Parálisis. Un puente que se ve firme y no lo es — la imagen es del poema noruego.
Jera j
El ciclo que se cierra. La única de las veinticuatro que los tres poemas describen sin ninguna ambigüedad negativa.
Eihwaz ï
Árbol de madera dura y hoja venenosa, usado para arcos. Fuerza que sirve y mata según cómo se maneje.
Perthro p
La runa que la filología no ha resuelto. Solo aparece en el poema inglés, en un verso ambiguo que se ha leído como cubilete de dados, como tablero de juego y como parto. Nadie lo sabe.
Algiz z
Lectura discutida. El poema inglés habla de una juncia que corta la mano de quien la agarra.
Sowilo s
El sol como guía de navegación, que es como aparece en el poema inglés: la esperanza de los marineros. Ver más abajo la nota sobre su uso posterior.
Tercera ætt
Atribuida a Tyr. Las ocho últimas, de t a o.
Tiwaz t
La única runa que lleva el nombre de un dios sin discusión. En el poema inglés es una estrella que mantiene el rumbo de noche.
Berkano b
Árbol que rebrota. El poema islandés lo llama la rama más verde de todas.
Ehwaz e
El animal y, sobre todo, la relación con él: el poema inglés la describe como el orgullo de los nobles y el consuelo de los inquietos.
Mannaz m
La condición humana entera. El poema islandés añade que cada hombre es la alegría del otro y que todos acaban bajo tierra.
Laguz l
El mar visto por quien lo cruza en barco. Amenaza, no paisaje.
Ingwaz ŋ
Un dios del que apenas queda rastro. El poema inglés lo sitúa entre los daneses del este y luego lo hace desaparecer sobre las olas.
Dagaz d
La luz que llega. Es de las pocas descripciones sin doble filo en ninguno de los poemas.
Othala o
La tierra que se recibe de los antepasados. Ver la nota del final sobre su uso posterior.
La runa veinticinco no existe
Si compras un set, casi seguro que trae veinticinco piedras y una de ellas está en blanco. Se la suele llamar «runa de Odín» o wyrd, y se le atribuye el destino, lo desconocido o lo que no se puede saber.
La inventó Ralph Blum en The Book of Runes, publicado en 1982. No aparece en ninguna inscripción, en ningún poema rúnico ni en ninguna fuente anterior a esa fecha. Es una pieza moderna que se ha extendido tanto que hoy viene de serie en casi todos los sets del mercado.
Eso no la hace inútil —un espacio en blanco dentro de un sistema cerrado tiene su gracia— pero sí la hace moderna, y quien te la venda como tradición vikinga o no lo sabe o te está mintiendo.
«Runas vikingas» es un nombre equivocado
Es el término con el que se venden y por eso lo usamos también aquí, pero conviene saber qué compras.
Las veinticuatro de esta página son el Futhark antiguo, anterior a la época vikinga. Los vikingos escribían con el Futhark joven, que tiene dieciséis runas y aparece hacia el siglo VIII: el alfabeto se simplificó justo cuando la lengua se complicaba, lo que hizo que varios sonidos compartieran signo.
Prácticamente todos los sets etiquetados como «runas vikingas» traen veinticuatro más la blanca, es decir, Futhark antiguo. No es un fraude —es lo que la gente busca por ese nombre— pero llamarlo vikingo es, estrictamente, un error de tres siglos.
Cómo se usa un set, sin prometer nada
La tirada más común es de tres: se sacan de la bolsa sin mirar y se colocan de izquierda a derecha. La lectura habitual las asocia a lo que viene de atrás, lo que hay ahora y hacia dónde apunta.
Lo que hace eso, en la práctica, es obligarte a mirar una situación desde tres ángulos que tú no habrías elegido. Es un buen procedimiento para desatascar un pensamiento circular, y no hace falta creer en nada para que funcione, porque el trabajo lo estás haciendo tú.
Lo que no hace es decir qué va a pasar. Ninguna evidencia respalda eso, y una página que te vendiera lo contrario para colocarte una bolsa de piedras no merecería que la leyeras.
Sobre la inversión —leer distinto una runa que sale del revés— hay una irregularidad que casi nadie menciona: ocho de las veinticuatro son simétricas y no tienen derecho ni revés. Cualquier sistema basado en invertirlas deja fuera a un tercio del alfabeto.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas runas tiene un set?
El Futhark antiguo tiene veinticuatro. Casi todos los sets que se venden traen veinticinco: la que sobra es la runa en blanco, que es un añadido de 1982 y no existe en ninguna inscripción histórica.
¿Los vikingos usaban estas runas?
No exactamente. Estas veinticuatro son el Futhark antiguo, en uso aproximadamente entre los siglos II y VIII. La época vikinga usó el Futhark joven, de dieciséis runas. Casi todo lo que se vende como «runas vikingas» es en realidad Futhark antiguo.
¿Las runas predicen el futuro?
No. No hay evidencia de que predigan nada, y tampoco hay evidencia histórica sólida de que se usaran para adivinar con estos significados. Lo que sí son es un alfabeto real, con inscripciones que se conservan, y una herramienta razonable para ordenar las ideas de uno.
¿De dónde salen entonces los significados?
De los tres poemas rúnicos —el anglosajón, el noruego antiguo y el islandés antiguo—, escritos entre los siglos VIII y XV, que dan a cada runa un nombre y unos versos. Las lecturas adivinatorias modernas son interpretaciones de esos versos hechas en el siglo XX.
¿Cómo se hace una tirada de tres?
Se sacan tres runas de la bolsa sin mirar y se colocan de izquierda a derecha. La lectura más común las asocia a lo que viene de atrás, lo que hay ahora y hacia dónde apunta. Es un marco para pensar, no un pronóstico.
¿Importa que salgan del revés?
Ocho de las veinticuatro son simétricas y no tienen derecho ni revés, así que cualquier sistema basado en la inversión deja fuera a un tercio del alfabeto. Hay quien lo usa igual; conviene saber de dónde viene la irregularidad.